Quien adquiere un libro viejo sabe que requiere un poco más de atención. Para conservarlos en buen estado, conviene guardarlos en lugares secos, lejos de la luz directa del sol y de la humedad. Si se acumula polvo, lo ideal es limpiarlos suavemente con un paño seco. Y si la tapa está desgastada, se puede reforzar con papel libre de ácido para no dañarla. Con pequeños cuidados, un libro usado puede seguir contando historias durante muchos años más.
