En un mundo cada vez más digital, los libros antiguos y usados nos recuerdan la magia de lo tangible. Cada ejemplar guarda marcas únicas: una dedicatoria escrita a mano, un subrayado que revela lo que otro lector valoró, o incluso el aroma del papel envejecido. Comprar un libro con historia es también llevarse un pedacito de la vida de quienes lo tuvieron antes. Más que un objeto, es un puente entre épocas y lectores.
